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viernes, 16 de septiembre de 2016

El bosque de Lydia





EL BOSQUE DE LYDIA


Hace 25 años
Los lobos rodearon a la pareja; el hombre, con un azadón como arma, se preparo para ahuyentarlos.
Detrás de mí, ponte detrás de mí, Lydia
Eric, son muchos; nos mataran
Eso no va a ocurrir, amor mío, no hemos llegado hasta aquí, para morir
El jefe de la manada se abalanzo sobre el hombre enganchándole la pierna; otros lobos saltaron sobre él, derribándolo; el hombre empezó a soltar mandobles con el azadón, rompiendo costillas y piernas a los lobos, que eran una veintena.
Varios intentaron asilar a la mujer de él, pero el hombre sacaba energías imposibles, para los mordiscos que le iban infligiendo los lobos, pero no se rendía.
Al lado había un bosque, a unos 10 metros; allí había algún tronco que le serviría de arma; la mujer echo a correr, llego al bosque y cogió un trozo de rama, y volvió a los lobos.
Cuando el jefe de la manada, vio a la mujer salir del bosque con la rama, aulló y los lobos empezaron a retroceder, dejando al malherido esposo en el suelo.
¡Fuera! Fuera de aquí, grito la mujer, alzando el trozo de rama, amenazante; los lobos, gruñendo, se fueron retirando, hasta que la noche los envolvió.
La mujer vio las tremendas heridas de su marido; se rasgo parte de su ropa, e intento detener las múltiples hemorragias sufridas por el ataque de los lobos.
¡Vamos, Eric!, te llevare al bosque. Allí encontrare hierbas para curarte esas heridas
La mujer arrastro a su esposo hasta el bosque, entrando en el, pero no habían avanzado más de una veintena de metros cuando se escucho una voz:!Quienes sois, y que queréis!
La mujer se paró en seco, pero dijo:!Por favor , solo quiero cobijo y unas hierbas, para curar a mi esposo, solo eso; hemos sido atacados por los lobos .
¡Sea!, pero pagareis un precio.
Lo que sea, si salvo a mi marido.


En la actualidad




¡Tiocosa!, un momento, le espeto Samandamio, su sobrino.
Este se volvió, a la espera de Samandamio; iban en busca de algo para comer; hacia dos semanas que habían salido de la alianza, en busca de un material muy raro que les había pedido Kasfio, para hacer algo con los Dragones de las Dragomazonas.
¡Oye!, Tío, no podríamos desviarnos un poco y ver civilización, jajaja, bueno, ya sabes, algo de dulzura, jajaja.
Siempre pensando en lo mismo, cabeza hueca, las mujeres no traen más que problemas.
Ahhh, vaya, ya sé porque no te veo nunca con ninguna, jajaja, ¿ no será que les tienes miedo?.
¡Como te coja!, veras tu quien tiene miedo, jajaja.
Asi, entre chanzas y risas se iban pasando los días; según Kasfio, ese material, estaba en los confines del Reino, en un bosque; lo verían cuando lo tuviesen cerca, era inconfundible.
Se veía la frontera con el otro Reino; miraron, pero no vieron nada; ya casi anochecía, asi que se dispusieron a dormir; al día siguiente seguirían la búsqueda, no estaría ya lejos.
A la mañana siguiente, después de rebasar una colina, Tiocosa, de pronto, se paro.
¡Que pasa!, dijo Samandamio
Aquel bosque, aquel debe ser, pero,,,, yo ya he estado aquí.
Samandamio se quedo mirando a Tiocosa! Cuando!, yo no me acuerdo de haber estado por aquí.
Tiocosa se volvió a Samandamio! Siéntate, antes de seguir, he de contarte una cosa que nunca te he contado; Es sobre tus Padres.
Cuando se hallaron sentados los dos, Tiocosa, mirando al lugar donde estaba el bosque, empezó a decir: Hace mucho tiempo, tus Padres, hartos de que cada año nos quemaran las cosechas, decidieron buscar un sitio seguro y olvidado para nosotros; sabíamos que tardarían en el viaje, asi que hasta que no supimos nada de ellos en un mes, no nos empezamos a preocupar.
Al mes y medio, organizamos varias partidas de búsqueda; tú eras muy pequeño todavía para aguantar el viaje.
¡Sí!, de eso me acuerdo, me quede en casa de Berta, mi abuela.
Si, bien, a mi me toco este lado del reino, no sabíamos a donde habían ido tus padres, pero al llegar a la entrada del bosque, observe que algo brillaba a unos diez metros de la entrada; era el azadón de tu padre, inconfundible por las muescas que le fue haciendo, conforme crecías.
Al lado del azadón, había unas ropas desgarradas, y llenas de sangre, unas de hombre, otras de mujer; había pasado mucho tiempo, y las huellas de lo que allí paso, se borraron, pero todos dimos por sentado que ante la ropa que teníamos allí, habían sido devorados por lobos o alguna otra bestia; recogí el azadón y volvimos al pueblo; el resto ya lo conoces, se les hizo un funeral, y cuando murió la abuela, ya solo nos teníamos nosotros dos.
Samandamio se quedo mirando la explanada donde estaba el bosque; tenía los ojos arrasados por el relato de su Tío. Una muerte tan cruel la de sus Padres; entendía que no se lo hubiese dicho nunca.
Y ahora, el destino me devuelve aquí, para revivirlo, dijo Tiocosa.
¡Bueno, entremos a ese bosque, cojamos lo que hemos venido a coger, y nos vamos!, pero ,?Porque tiene tantos caminos de entrada, ese bosque?, dijo Samandamio.
Ya me había fijado, y es extraño, hay unos más largos que otros, pero no llevan a ningún lado, apenas el más largo, tendrá unos 50 metros, que raro es esto.
¡Venga!, vamos Tiocosa, entremos y ya está.
¡Vamos!.
Decidieron coger la senda más larga que se aproximaba a una de  las entradas del bosque.
Al entrar, vieron que el bosque estaba con mucha oscuridad, como si fuera de noche; se pararon, una sombra se les acercaba; era un viejo, de largas barbas, encorvado por la edad , y con una mano en la boca , como diciéndoles que ¡silencio!.
Se pararon y esperaron a que el viejo llegara! No habléis, no deseéis nada, no pidáis nada, el bosque os retendrá si lo hacéis, no avancéis mas, iros de aquí.
Samandamio iba a replicar, pero el viejo le tapo la boca: Escuchad, hace 50 años, entre al bosque a coger leña, y desde entonces, recojo leña, pero no puedo salir, el bosque me lo impide.
Tiocosa, en un susurro, pregunto: y nunca habéis intentado escapar?
Sí, pero cuando llegas a ese árbol, y dirigió la vista a un árbol a una veintena de metros mas allá, la entrada se cierra con unos pinchos tremendos; Imposible salir!
¡Con una buena hacha, no hay pinchos que cierren el paso!, dijo Samandamio, mirando a Tiocosa, que estaba muy atento a lo que decía el viejo.
Sabes que son esos caminos que hay para entrar al bosque?, le pregunto Tiocosa al viejo.
¡Sí!, cada camino es un humano que tiene retenido aquí; cada año, el camino por el que entramos, crece un metro, asi que el camino que habéis tomado, medirá 50 metros, no sois los primeros en cogerlo, al ser el más largo; ahora estoy aquí para advertir a otros como vosotros, no puedo partir leña ya, pero tampoco me deja salir; además, cada vez, estoy más débil.
Y qué ocurre cuando el que está prisionero aquí, muere, lo sabes.
¡Sí!, lo he visto; el camino desaparece.
Has encontrado a alguien más en el bosque, dime, pregunto Tiocosa.
¡Oh, no!, el bosque no lo deja, cada prisionero, vive su vida aquí, independiente de los demás, nunca se mezclan, eso pienso porque en 50 años, no he encontrado a nadie; subí a los arboles, busque señales de vida, fuegos, humos, nada de nada, solo estaba yo, excepto los caminos, no veía nada mas, y los caminos iban creciendo, luego había más gente, pero nunca vi a nadie, por eso pienso que es asi.
Sabes quién está detrás de todo esto, porque esto parece magia, tiene que ser magia.
Bueno, en el centro del bosque, hay un árbol hueco, y de vez en cuando, por la noche, sale una luz que lo invade todo, se hace de día, y al día siguiente, todo ha vuelto a florecer, todo vuelve a ser nuevo en el bosque.
Pero has visto al mago?
Nunca vi a nadie, solo la voz, cuando le suplicaba que me dejara salir, solo la voz. Ahora ya no le digo nada, me acostumbre a estar aquí.
Gracias anciano, nos vamos afuera, puede que volvamos a entrar.
¡NOOO!, no lo hagáis, no saldréis de aquí ¡NUNCA!
Se dieron media vuelta y salieron a la explanada, fuera del bosque.
Tiocosa estaba pensativo ante las palabras del anciano; le estaba dando vueltas a una idea, pero la veía imposible.
¡Oye! Tiocosa, y si mis padres buscaron refugio, y entraron;¿Estarán hay, todavía?, dijo Samandamio.
¡Cuando has pensado eso , sobrino!, yo también lo pensé, pero es prácticamente imposible, las ropas ….
¡Vamos!, busquemos el sitio, entraremos por ahí, haber que vemos.
¡Pero no me acuerdo de donde lo encontré!.
Busquemos un camino de 25 metros, fue más o menos cuando paso, ¿no?
¡Sí!, más o menos.
¡Pues a buscar!
Al cabo de un rato, encontraron el camino; entraron en el bosque, y este era diferente: a la izquierda del camino, había un lago, rodeado de una bruma, y en el lado derecho, mas al fondo, una cabaña.
Se quedaron quietos; observaron que también allí, a unos veinte metros, también había un árbol, como el del viejo.
Samandamio, le indico con un movimiento, silencio a su tío, que asintió con un movimiento de cabeza.
Samandamio vio a dos figuras en el agua del lago; el camino a él, estaba antes del árbol, asi que bajaron por la senda que daba al lago.
De las dos figuras, una de ellas, estaba justo en el centro del lago, pero era como si sus pies, andarán por el agua, nada de él, era un hombre, se hundía en el agua.
En la orilla, había una mujer, de pelo cano, con una larga coleta, que al oír las pisadas de Samandamio y Tiocosa, se volvió.
Tiocosa se paró en seco, la mujer se llevo las manos a la boca, para no chillar, mientras unas lágrimas empezaron a correr por su rostro.
¡Lydia! Por todos los Dioses, y corrió a abrazarla, con su cuerpo tembloroso por la emoción.
Samandamio, oyó el nombre de su madre, era muy pequeño, para recordar su rostro, y también empezaron a florar unas lagrimas de emoción! Estaba en lo cierto! el bosque los retuvo, y el hombre del lago, debería ser su Padre.
¡Gregory!, cuanto os he echado de menos, ya os di por perdidos, que nunca os volvería a ver!;las palabras, entrecortadas por la emoción, pero en un susurro, hacían que la mujer temblase de emoción!su hermano estaba aquí!
¡Lydia! Hermana mía, que paso, porque entraste aquí, sabemos lo que pasa, nos lo conto un viejo, que está en otra zona del bosque, por eso hemos buscado esta entrada, bendito viejo.
Lydia miro a su hermano, y luego a Samandamio.
Este es….
¡SI!, es tu hijo Samandamio.
Samandamio ya estaba yendo a abrazar a su Madre, y esta le abrazo, lo miro, le mesuro el cabello: Eres igual a tu Padre, colmándole de besos.
¡Madre!Padre es el que esta en medio del lago?
Lydia miro a su hijo y con ojos vidriosos le dijo:si, pero no vendrá a la orilla;Murio, hijo mio.
¡Pero….
Sentaros, os contare que paso.
Tuvimos un ataque de lobos, cerca de la entrada de este bosque; entre a coger una rama, tu Padre estaba gravemente herido y los lobos nos estaban separando, era cuestión de poco rato, que nos hubiesen devorado, asi que cogí una rama fuerte y salí, pero fue raro, los lobos se ahuyentaron, aunque ahora sé porque, la rama estaba encantada, como todo el bosque.
Con mis ropas intente detener las hemorragias de tu Padre, y luego entre al bosque, hasta que la Voz, me pregunto: le pedí ayuda, y cure las heridas de tu Padre, pero había perdido mucha sangre, y murió a los pocos días; lo sigo viendo, pero esta siempre hay; me consuela el verlo, y siempre le he hablado, como si estuviera aquí; hay veces que creo que me oye.
El resto ya lo sabéis, si os lo conto el viejo ese de que habláis: Nadie que pida algo, sale de aquí, nunca.
Vimos las ropas, y supusimos que os habían devorado, Lydia, perdóname por no mirar más allá.
Te vi, e intente salir, pero el bosque acallo mi voz, cerro el camino, como siempre que he intentado salir; hace ya unos años que no lo intento, es en vano.
¡Bueno!, te llevare a casa, hare algo que le prometí a Samandamio hace mucho tiempo, traeros a casa, dijo Tiocosa.
Lydia, cogió el brazo de su hermano; no puedes, Gregory, no puedes.
Alguna manera habrá, Madre, y la encontraremos, seguro que la encontramos, aunque le tengamos que prender fuego al bosque, bastante has sufrido ya, dijo Samandamio, cogiendo a su Madre por la cintura, y estrechándola junto a él.
Y esa cabaña, Lydia, la has hecho tú, pregunto Tiocosa.
¡Sí!, es solo en el lago, donde puedo estar con Eric, asi que la construí cerca; el bosque provee de comida y fruta, no hay que andar mucho para recogerla.
Nunca has ido mas allá, Madre, que hay en el bosque, lo sabes.
No, siempre he estado atenta a la entrada, cerca de ella, buscando una oportunidad, pero en que pasas el árbol negro, y lo señalo, se cierra la salida con
¡Enormes pinchos!, dijo Tiocosa
Sí, eso, ya veo que os lo ha contado todo el anciano.
También nos ha dicho algo de una luz, en el centro del bosque.
Si, cuando eso ocurre, todo vuelve a florecer, como en primavera, todo es nuevo; nunca he ido a ver de donde procedía esa luz, nunca.
Tiocosa, saco un papel, era el papel que Kasfio le entrego, con la forma de la piedra que tenían que recoger, y se la enseño a Lydia, diciéndole:¿La has visto alguna vez?
No, que es, respondió
La llaman la Piedra del ocaso, resplandece por la noche, y creo que es la luz que veis alguna vez; hemos venido a buscarla y nos la llevaremos contigo, dijo Tiocosa, con una resolución, que no dejaba dudas.
La mujer bajo la cabeza: No os dejara, el bosque no os dejara.
No dijeron nada; abrazaron a Lydia y avanzaron hacia el árbol negro
Cuando rebasaron el árbol, una voz muy grave se oyó:! Quienes sois y Que queréis!
Siguieron caminando por el camino, sin hacer caso a la voz.
Anduvieron unos 100 metros y se volvió a escuchar la voz!: Quienes sois y Que queréis!
Siguieron como si no hubiesen oído nada
De pronto, el camino se empezó a dividir, y a dividir; se habían hecho tantos caminos, que sería prácticamente saber cual coger.
Se pararon los dos: Samandamio, observo los diferentes caminos, asi como Tiocosa; ambos decidieron coger el mas a la derecha de todos, y siguieron caminando.
Tiocosa iba a marcar los arboles, pero Samandamio, le indico que no, y miro al cielo, a las estrellas; ellas no habían cambiado de posición.
Llegaron a una explanada y en el centro, lo vieron!:el árbol hueco!
Se dirigieron a él. Vieron la piedra, pero estaba agarrada y envuelta por todas las raíces del árbol; imposible cogerla, si no rompían el árbol.
¡Habéis llegado aquí, pero no saldréis jamás!!Decidme, Que queréis! sonó otra vez la voz
¡Muéstrate! quien eres tú, que tienes retenidas a las personas, dijo Tiocosa
¡Si de verdad quieres saber lo que queremos, muéstrate! Te lo diremos, dijo Samandamio.

El grandioso árbol, empezó a convulsionarse y de pronto, se levanto; ¡Era un monstruoso Ents!
¡Aquí me tenéis!.
Samandamio y Tiocosa, se sintieron muy pequeños ante semejante Ents, pero no se amilanaron.
Y bien, decidme, ¡que es lo que queréis!
¡Pero tú eres un guardián del bosque, no un mago, tienes a personas retenidas aquí; y seguro que no han hecho ningún mal al bosque ¡Porque entonces los retienes!
¿Ese es tu deseo?, ¿saber? Dijo señalando a Samandamio
No es ningún deseo, es una explicación, eso es todo.
El Ents se retiro hacia atrás, mirando a los hombres.
¡Este es mi bosque! Hace muchos siglos, una Driada, me dejo al cargo de él, diciéndome que todo aquel que penetrara en el bosque y deseara algo, no saliera, y aquí estarán hasta que ella vuelva.
¡y si no vuelve!, morirán todos de viejos.
¡Formaran parte del bosque!
Está bien, nos vamos; volveremos a vernos Ent
UH, UH, UH, la risa del Ent, hizo volverse a los dos hombres.
¡No saldréis de aquí, nunca!
Jaja jaja, rio Tiocosa; se que te vas a poner violento, pero tenemos las dos cosas que más teme un bosque, asi que si encontramos algún problema, tendrás problemas tu también, jaja jaja
El Ent intento menearse, pero llevaba mucho tiempo en el mismo sitio, y sus raíces estaban muy hundidas en la tierra, pero sabían que se lograría zafar, asi pues, corrieron hacia el principio del árbol negro.
Llegaron sin problemas; el Ent, aun no se había soltado del lugar, pero ahora ya estaba advertido de su presencia.
Llegaron a la cabaña de Lydia, que estaba esperándolos.
¡Que ha pasado!, el bosque tembló en vuestra ausencia, dijo Lydia.
¡Nada, Madre!, nada, que se ha enfadado, jajaja
¡? Quien?!
Escucha, hay un Ent en el centro del bosque, el os retiene aquí, por una orden mágica: todo el  que pide un deseo, es retenido, para siempre. Lo hemos amenazado y vendrá hacia aquí, le vamos a tender una trampa, cogeremos lo que hemos venido a buscar, y te sacaremos de aquí, asi que estate preparada, Madre.
Perooo, yo no me quiero ir, aun veo a tu Padre, y si me voy…
Madre, te perdí una vez, y no consentiré perderte otra vez: Samandamio, abrazo a su Madre y le pregunto: Donde está enterrado Padre, nos lo llevaremos, lo enterraremos en un lugar, que también lo podrás ver, hazme caso.
Lydia, con los ojos vidriosos, miro a Samandamio y al final, asintió con la cabeza.
Esta enterrado al lado de la casa.
Lydia, dime donde, y prepara alguna ropa donde envolverlo que quede de el, nos lo llevaremos., para que descanse en paz, de una vez, dijo Tiocosa.
Les acompaño al lado de un pequeño montículo; hay esta el pobre Eric, y se echo a llorar.
Entra en la casa, Madre y déjanos, tenemos que actuar muy deprisa, y veas lo que veas, no salgas de la casa, ¿entendido, madre?
Está bien, hijo, está bien.
Los pasos del Ent, retumbaban por todo el bosque; estaba cerca de la casa.
¡Aquí estamos, Grandullón!, porque no vienes a cogernos, anda, jajaja.
Tiocosa y Samandamio, se dirigieron entonces a todo correr hacia el lago, introduciéndose en el.
El Ent vio como se dirigían al lago, y fue tras ellos; al llegar, empezó a entrar en el agua, y cuando la fuerza del agua empezó a hacer suficiente presión, el árbol empezó a flotar: El Ent, no sabía nadar, e iba errante por el lago, como habían supuesto los dos hombres.
Jaja jaja, mira el monstruo, ahora, chapoteando, jajaja.
¡Venga!, hay que coger esa piedra, ahora, dijo Samandamio.
¡Vamos!, replico Tiocosa
Se sumergieron y vieron la espalda del tronco, la oquedad quedaba a la vista. El Ent, al liberarse había roto las raíces que aprisionaban la piedra, quedando está sujeta por unas pocas raíces, las otras ya no estaban.
Tiocosa, saco el hacha y con movimientos precisos, arranco de su sitio la piedra.
Un gruñido terrible salió del Ent, al quitarle la piedra, pero nada más, el Ent, seguía a la deriva, y cuanto más se mojaba, menos de él se veía;!era un tronco hueco, y se estaba llenando de agua!
¡Vámonos, Samandamio!
Corrieron a la cabaña, cogieron a Lydia y su Padre y se dirigieron a la salida.
Entonces se dieron cuenta: algo había cambiado en el bosque, y la piedra ya no brillaba.
Ya era un bosque normal, había luz exterior.
Salieron del bosque sin más problemas , pero antes de marcharse , Samandamio, entro por el camino del viejo, llamándolo: Anciano, ya puedes salir, y hazme un favor , entra en los demás caminos, libera a la gente que encuentres , el bosque ya no puede retenerte.
¡Por los dioses! , Como lo habéis echo!
Jajaja, bueno, eso es lo de menos, ¡Anda, ve!

Retornaron a la alianza, pero antes, Samandamio llevo a su Madre, a una pequeña colina, con un olmo, desde donde se divisaban los llanos con sus trigales, y empezó a cavar una tumba.
Madre, a Padre le gustaba observar como crecía el trigo; aquí lo verá crecer siempre, aquí no nos queman las cosechas, y siempre que quieras, podrás estar con él; abrazó a su Madre y le dio un tierno beso.
Desde aquel día, no faltarían flores en ese olmo.


PARA LYDIA CON TODO CARIÑO

ARAKIM

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