ARAKIM:
Desde mi mas tierna infancia su nombre había sido sinónimo de tranquilidad y cariño, recordaba como mi padre solía invitarle con asiduidad y este siempre nos traía regalos tan singulares como una cometa con la que nos enseño a volar....
una vieja carraca que hacia los dias insoportables a mis padres....y mi preferido un reclamo para aves, siempre que nos visitaba subíamos a la torre del vigía y allí observábamos las aves durante horas mientras me contaba viejas batallas y me susurraba nuevos sueños, su voz suave y tranquila siempre me hacia anhelar algo que se removía en mi interior, aventuras...locuras y sueños...esa fue mi prioridades hasta que todo desapareció.
Luego llegaron las pesadillas, oscuras e hirientes pero en todas ellas siempre un susurro me reconfortaba y me hacia sentir a salvo, siempre sus brazos cariñosos estaban en torno a mi, siempre acallaba mis gritos y sollozos con dulces cuentos, siempre me hizo soñar con ser una guerrera fuerte y sencilla que solo anhelaba el bien de los suyos, aprendí de él el amor por los libros, el dichoso momento de los cuentos a la luz de la lumbre, el temblor de la emoción y el miedo a perder lo que uno amaba.
Llego la venganza y la verdad, el dolor y el miedo se instalaron al unisono en mi corazón, la verdad dolió...pero mi racional cabeza y mi díscolo corazón se unieron en una única sensación, mi Arakim no podía ni debía ser dañado, nada debía hacer contra él.
Y el adiós se volvió mi solución...adiós a sus palabras, a sus versos alocados, a sus correrías atrevidas, adios a un sueño perfecto.
En mi vida no soy una persona que esterioricé mucho lo que siento pero cuando escribo lo hago desde mi corazón, escribir para mi es como respirar, podría llenar miles de hojas con multitud de historias pero esta es para tí, gracias por compartir con todos tus chascarrillos y tus grandes momentos, una amiga sin rostro ni nombre, un besito.
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